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Vendí todo! Lo que aprendí.

Actualizado: oct 15

“Son más largos los caminos pa’l que va cargao demás” Alfredo Zitarrosa

En el EPISODIO 3 de mi serie de YouTube hago bastantes referencias al equipaje y a lo que dejo atrás, desde la primera escena.


Primera escena del EPISODIO 3

Aparezco yéndome de mi casa cargando únicamente las pertenencias que me quedaron, cuento un poco más sobre el proceso de deshacerme de mis logros y las cosas que conformaban mi identidad y sobre el final del episodio muestro como a último momento desarmé la maleta y la volví a armar para quitarme más cosas de encima.


El aprendizaje fue INMENSO.




La ropa


No había notado la cantidad de ropa al pedo que tenía en mi ropero hasta que tuve que deshacerme de ella.


Si bien había ropa que ya no podía usar porque me quedaba grande luego de haber bajado 20 kilos de peso, tenía muchísima ropa que no estaba usando, simplemente porque no la estaba usando.


Pude confirmar empíricamente el cumplimiento de la regla del 80/20 (también conocida como Ley de Pareto) que tanto en la ropa, como en otras áreas de la vida y los negocios, se cumple al pie de la letra.


En este caso la ley sería así: "El 80% de la ropa que usamos, es el 20% de la ropa que tenemos guardada en el ropero."


La ropa muchas veces enmarca nuestra identidad, nos empodera, nos hace sentir bien, nos acentúa un estado de ánimo o una postura mental y nos ayuda a ubicarnos en una situación puntual. Por ejemplo, cuando nos vestimos de gala para algún evento importante no solo nos vemos más elegantes, sino que también actuamos más elegantemente. Nuestra postura cambia y nuestro lenguaje corporal también. Y así con toda la vestimenta que usamos.


Todos tenemos nuestras prendas favoritas y es común para muchos comprarse alguna ropa nueva cuando estamos ansiosos, aburridos, tristes o nos queremos hacer un mimo.


Por lo tanto no es tan sencillo pensar en la ropa como algo superficial y de lo que nos podemos deshacer fácilmente.



Cuando tuve que dejar atrás del 95% de mi ropa, aprendí un montón.


Me acordé de todas las veces que me compré ropa porque estaba frustrado, bajoneado o triste; de todas las veces que me compré ropa para intentar verme mejor para otra persona, para agradarle más; de todas las veces que fui a comprar una cosa y terminé comprando 4, de las cuales 3 quedaron guardadas en el ropero por el resto de la eternidad; y de todas las veces que me compré ropa apurado e impulsivamente y cuando la fui a usar meses después, ya terminado el período de cambio, me di cuenta que no me quedaba bien el talle o el corte. Y así podría seguir por horas...


“Incorporar ropa nueva” debería ser siempre una decisión tomada A CONCIENCIA, evaluando exactamente los motivos por los cuales queremos esa nueva prenda en nuestra colección y no algo impulsivo.


Muchas veces es fácil comprar ropa porque “es demasiado barata”. Pero es necesario darse cuenta de algunas cosas para entender CÓMO una prenda de ropa puede ser TAN barata en ciertas cadenas de vestimenta y cómo el modelo de negocios de dichas cadenas afecta al planeta y a ciertas poblaciones de contexto crítico.


Para los que se animen y estén preparados para una cruda y decepcionante verdad, les recomiendo el documental The True Cost y también otro documental español muy similar llamado El precio de la moda.


Tener que elegir cuidadosamente las pocas prendas a llevar a Bali me permitió desarrollar una manera más práctica, minimalista, lógica y eficiente de elegir la ropa y entender los “por qué” detrás de muchas decisiones que hice en el pasado.


Ya estaba aprendiendo un montón, saliendo de mi zona de confort y creciendo y aún no había cerrado la maleta... ¡Lo que me espera!



Mis “logros”


En esta sección me voy a enfocar únicamente en 2 cosas:

  1. El auto

  2. Mi estudio de producción musical


Podría haber incluido ciertos muebles y muchos de mis aparatos electrónicos, pero lo elegido es más que suficiente a efectos de argumentar mi punto.


El Auto


Siempre consideré un logro haberme comprado el auto y en parte lo es, porque para hacerlo tuve que lograr ser más cuidadoso con la plata, aprender a ahorrar, ser más ordenado, etc.


Pero cuando uno dice “logro” es porque logró un objetivo. Una meta. Cuando me compré el auto estaba logrando un sueño de toda la vida.


Mi viejo siempre tuvo auto y siempre que pudo lo cambió por uno mejor. Tener un auto para mi era lo natural habiendo crecido con ese ejemplo. Además siempre vi cómo mis amigos que tenían auto gozaban de las ventajas de tener un coche a disposición.


Soy perfeccionista, amante de la estética, las cosas bien hechas y cuidadoso con la prevención y la seguridad y por ese motivo evité caer en el impulso de comprarme un auto barato por lo que la decisión tuvo que esperar un poco más.


Cuando se alinearon los planetas logré convencerme de que comprar el auto era más conveniente económicamente que andar en Uber todo el tiempo (error), uno de mis argumentos más fuertes para tomar la decisión.


Pero en realidad yo quería tener un auto, lo había querido desde siempre. No era por la sensación de libertad, no era por que es más conveniente económicamente, no era porque iba a poder sacar a pasear a mis sobrinos o porque me iba a hacer más placenteros los viajes a tocar con la banda a los alrededores de Montevideo, o todas las otras cosas que me dije para convencerme. Era porque el concepto de “tener un auto” me enloquecía.


No puedo hablar por otros, pero creo que es común, tal vez más en los hombres, el sentimiento de “me siento un crack manejando mi auto”.



Es cierto que contar con un auto en ciertas ocasiones es muy conveniente, pero volvemos una vez más a la regla del 80/20: El 80% de las veces que el auto fue REALMENTE una solución, que me dio libertad, que me permitió disfrutar con mis sobrinos o que me hizo la vida más fácil, fue el 20% del tiempo que lo usé, o menos.


El resto del tiempo el auto estuvo estacionado o lo estaba usando en vueltas que podría haber dado caminando, en bicicleta o en ómnibus, haciendo un uso más eficiente y ecológico del transporte. Incluso varias veces estaba llegando tarde a alguna actividad en el centro y decidí ir en UBER para no demorar buscando donde estacionar y no perder el lugar en mi cuadra en la puerta del edificio. De locos.


Luego de tener el auto por dos años y hacer un análisis más detallado de los gastos y otros detalles entendí que tener un auto si sos sólo y no lo usas para trabajar, es poco inteligente.


Andar en Uber es más barato, más ecológico e implica un mejor uso de tu tiempo ya que es otro el que se estresa por el tránsito y por manejar mientras vos podes mirar el paisaje, escuchar música, leer un libro, contestar mails, mirar un video de youtube o dormirte una micro siesta.

Y las veces que necesite un auto simplemente puedo alquilar uno y listo.


Lo que si me permitió el auto fue tener un motivo para ahorrar y comprarlo se transformó en una inversión, porque luego lo pude vender y recuperar gran parte de lo invertido, dinero que usé para mi proyecto actual. Pero seguro hubiera juntado mucha más plata si hubiera tenido la misma conducta que al pagar la cuota del auto, pero en vez hubiera puesto la plata en alguna de las opciones que hay para generar intereses.


No me arrepiento (de este amor) y mi VW UP va a quedar para siempre en mi recuerdo por ser un coche tan noble y tan divertido de usar. Y el 20% de lo usado que me trajo el 80% de la satisfacción tal vez valió la pena, pero salvo que me sobre la plata y la decisión de comprar un auto no influya en mi economía mensual o salvo que forme una familia para la cual el coche se transforme en una herramienta necesaria, seguiré andando en Uber/Taxi/Bus/Monopatín/Bici o el viejo y querido 11 (para entendidos).



Mi estudio


También siempre consideré un gran logro a mi estudio de producción. Si ven el EPISODIO 2 van a ver la historia de mi estudio de producción musical y cómo creció a lo largo de 20 años.


Estaba orgulloso de mis equipos, de mi escritorio y de lo lindo que se veían.


Escribí esto y me acordé de una vez que un señor, dueño de un gran estudio de grabaciones, me dijo que a veces ciertos equipos de su estudio no eran importantes para la tarea a nivel técnico, pero que los tiene porque “quedan bonitos y llenan el ojo” de los que no entienden, dándole prestigio a su estudio.


Cuando me desprendí de todos mis equipos y del escritorio soñado que diseñé a medida de mis necesidades, tuve enormes emociones encontradas.


Creo que el principal motivo fue porque cada vez que entraba a mi estudio y VEÍA mis equipos luciendo tan profesionales, me permitía reafirmar la idea de que había logrado convertirme en lo que aspiraba ser: productor musical.


Hoy me doy cuenta que esa idea es tonta.


Yo soy productor musical desde el primer día que usando mis conocimientos y la herramienta que tuviera adelante, produje música. Y eso fue mucho antes de lograr un estudio bonito y pro. Incluso antes del 1999 cuando tuve “mi primer estudio”, el de la primera foto del resumen del EPISODIO 2. Seguramente fue alrededor de los 11 años de edad con mi primer teclado CASIO.


Uno es lo que quiera ser, lo que hace y lo que pueda demostrar. Lo demás son perillas que quedan bonitas y llenan el ojo.





Tuve una carrera de 20 años como productor musical y mis mejores trabajos, los que me hacen sentir más orgulloso, los hice en las peores condiciones técnicas posibles.


La canción Nada de Mala Tuya, que re-definió la banda y se convirtió en un éxito en Uruguay y Argentina, la produje y mezclé 90% con auriculares, viviendo de prestado en el sillón de mi hermano tras haberme separado y estar quebrado económicamente (se acuerdan del resumen del EPISODIO 1?).


La mejor banda sonora para un comercial, que compuse en la época de mi empresa de música para publicidad Matanga! Music, es la música de un aviso de Uruguay Natural que se vio en todo el mundo con muy buena crítica. Un trabajo que hice recién mudado, sin muebles, sin equipos, trabajando desde un colchón en el piso, únicamente con mi computadora, una guitarra y mis auriculares.


Cuando me tocó vender mis equipos, conservé la mínima cantidad necesaria para crear y producir música, que terminó siendo bastante menos del 20% de ellos.


Gracias a toda esta experiencia de obligarme a cambiar de vida y a deshacerme de lo que no necesito, hoy en día puedo darme cuenta que soy productor musical por lo que sé, por mi experiencia acumulada, por que me gusta y principalmente porque decido ser productor musical. Podré ser buen o mal productor, pero no necesito mirar una foto de mi estudio con todos los chiches para reconocerme. Solo necesito mirarme a un espejo.



Para cerrar este artículo les quiero compartir dos cosas:


La primera, relacionada al equipaje y es la canción con ese mismo título de la banda argentina Aca Seca Trío, canción lenta y sentida que relata en parte las sensaciones que tuve al tener que irme.


Aca Seca Trío - Equipaje



La segunda, es la página web de mi época de productor musical. Allí podrán encontrar una versión más extensa y detallada de mi biografía en donde nombro a todos mis maestros, una sección dedicada a mi trabajo como productor musical con canciones y videoclips realizados por mi y una sección dedicada a mi trabajo como locutor comercial.


byGeremix - Geremy Cajtak / Productor Musical


"Decir adiós es crecer" Gustavo Cerati

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