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La charla con mamá que me cambió la vida

En el primer episodio de mi serie de YouTube hago alusión a una conversación que tuve con mi madre que fue un antes y un después en mi vida.


Un día en 2018 me fui a Melo, mi ciudad natal, y le dije a mamá que necesitaba hablar con ella porque estaba enojado.


Había estado gran parte de mi vida enojado con ella y con mi padre por la forma en como me habían criado, algo que descubrí en terapia.


Salimos a caminar con un mate, empezamos a conversar y le dije que necesitaba decirle varias cosas. La primera fue al hueso: Le dije que creía que ella y mi padre se habían equivocado conmigo. Que no lo habían hecho bien.


Le dije que sentía que mi vida podría haber sido mucho más interesante si me hubieran incentivado a hacer más cosas, si me hubieran dado mejores ejemplos, si me hubieran puesto más límites y si me hubieran exigido más.


Le dije que recordaba cómo a un compañero mío de la escuela, sus padres le exigían muchísimo y ese chico hoy es una persona de negocios muy exitosa. Y a mi no me habían exigido nada.


Le dije que yo terminé siendo músico porque lo había visto de rebote en ellos y no porque me lo hubieran inculcado y enseñado pensando en que hiciera una carrera profesional -en los 80 mis padres tenían una banda de covers muy exitosa que recorría el interior del país todas las semanas haciendo shows y yo iba con ellos porque no tenían con quien dejarme-.


Le dije que yo ni siquiera había terminado el liceo porque ellos no me lo exigieron y porque ellos tampoco lo habían hecho… Le dije muchas cosas.


Mi madre, con el amor y paciencia que sólo una madre puede tener con su primogénito, me escuchó en silencio y con mucha atención durante todo mi desembuche, que vale la pena aclarar que lo hice en un tono cordial y respetuoso.


Una vez que terminé de decirle todo lo que pensaba, mi madre empezó a explicarme y a responderme. Su respuesta fue inesperada, intensa e impactante. Su respuesta fue la responsable de que yo empezara a sanar mi vínculo con mi pasado y diera inicio a mi proceso de cambio. Pero su respuesta, fue extremadamente obvia, tan obvia que nunca se me ocurrió ver las cosas de esa forma:


“-Tenés razón” me dijo mamá. “…y tiene mucho sentido lo que decís” continuó.


“Tiene sentido para mi que hoy tengo 57 años y he pasado por muchas cosas y obviamente tiene sentido para vos que tenés 35, vas a terapia hace 8, vivís en Montevideo y te pasas leyendo libros y viendo charlas TED.”


“Pero hay una cosa que no estás teniendo en cuenta: En aquél momento tu padre y yo no teníamos la capacidad de ver las cosas que tenés vos ahora. Vos fuiste un embarazo inesperado entre un chico de 18 años al que lo crió su padre sólo (y pasó su adolescencia probando todas las drogas que encontró) y una chica de 24 años, hija de personas humildes criadas en el campo que iban a la iglesia todos los domingos. ¡Y estábamos en Melo! ¡¡Y a fines de la dictadura!! Tal vez ahora la diferencia con Montevideo sea mucho menor, pero hace 35 años atrás, era inmensa. No teníamos internet, no leíamos libros, ni siquiera teníamos la libertad de escuchar ciertas canciones!”


Mi madre me continuó explicando pero para esa altura yo ya estaba en shock.


Nunca me pasó por la cabeza que mis padres eran unos guachos y estaban re perdidos cuando yo nací. Y tuvieron que casarse porque en aquella época no tenías hijos sin casarte. Y tuvieron que afrontar un desafío inmenso sin estar preparados.


Nunca me pasó por la cabeza que mis padres no son “MIS PADRES”, son personas. Y cuando yo nací, eran personas mucho menos desarrolladas que lo que yo soy ahora; y si yo tuviera un hijo en este momento, ¡no sabría por donde empezar a "ser padre”! (seguramente buscaría algún tutorial en YouTube).


El mayor insight (descubrimiento, revelación, caída de ficha) que tuve, fue comprender que a pesar de no estar preparados para tener un hijo, e incluso a pesar de haber tenido la oportunidad -y el incentivo verbal y económico de parte de gente cercana- de interrumpir el embarazo y “sacarse el problema de encima”, ¡ellos decidieron seguir adelante!.


Entonces, yo estoy acá hoy, gracias a esa decisión.


Y no importa si fueron conscientes o no, no importa si cometieron mil errores, no importa si yo pase momento feos en mi infancia, nada de eso importa. Ellos decidieron tenerme e hicieron lo mejor que les salió con las herramientas que tenían siendo dos guachos con mil problemas.


Y podrán haber metido la pata en un millón de cosas pero en ninguna lo hicieron por gusto. Ninguna metida de pata la hicieron porque querían hacerme mal. Hicieron lo que pudieron. Hicieron lo que les salió.


Debo aclarar que terminé de hacer este insight con la ayuda de un libro que “casualmente” cayó en mis manos en el momento justo, a pocos días de esa charla, y es un libro muy corto y que se lo he recomendado a todas las personas que puedo que han necesitado sanar el vínculo con sus padres. Pertenece a un autor y psicólogo familiar español llamado Joan Garriga.

El libro se llama “Donde están las monedas” y si te interesa lo podes conseguir aquí.


Cuando leí este libro y luego de esa charla con mamá, pude conectar con una imagen diferente de mis padres. Una imagen nueva, luego de 35 años. La imagen de dos guachos jóvenes haciendo lo que podían para criar un hijo.


Conecté con mis padres dándome amor y siendo felices con su hijito, una idea que cada vez que me viene a la mente me conmueve y me hace soltar alguna lágrima.


Conecté con la idea de mis padres dando TODO lo que tenían para que yo fuera el mejor hijo del mundo. Y lo que tenían para darme y para enseñarme no era mucho, pero lo dieron todo.


Desde aquel momento y hasta el día de hoy, agradezco casi a diario a mis padres por la vida que tengo. Por haberme criado libre. Por no haberme inculcado una religión, ni un partido político ni haberme obligado a ser hincha de un equipo de fútbol. Por haberme enseñado el valor de la honestidad y de la bondad. Por haber deseado siempre que yo fuera feliz.


Tengo los mejores padres del mundo, porque son los que me tocaron.


Mamá Rosana, hijo Geremy y papá Daniel - Melo, 1986

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