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El reencuentro con mi padre

Actualizado: 28 de ago de 2019

En la medida en la que el barco de Buquebus iba acercándose al puerto de Buenos Aires, las emociones iban creciendo dentro de mi, al punto de apenas poder respirar con naturalidad.


Ansiedad, curiosidad, expectativa, algunas dudas y muchas ganas, pero no así enojo, ni resentimiento, ni los prejuicios, ni la culpa. Esos habían quedado en Uruguay y en algún lugar del olvido, en mi anterior identidad.


Mi padre se llama Daniel y tiene 56 años.


Cuando tenía 3, su mamá abandonó su casa dejándolo a él y a su hermano Eduardo solos con mi abuelo. El abuelo Salo hizo lo que pudo para criarlos, pero no tuvo a su alcance las herramientas para transmitirles el amor que seguramente sentía por ellos. Fueron criados con demasiado reproche y poco cariño.


Pasé los controles de aduana del puerto y ahí lo vi. Enseguida pude notar su felicidad contenida, su ansiedad y una cierta timidez, algo poco común en él.


Es probable que él también haya notado varias cosas en mi además del bigote y los 20 kilos menos. Yo ya no lo veía como el malo de la película ni tampoco lo juzgaba. Simplemente veía delante mío a un hombre bien intencionado y de gran corazón, que al igual que yo tuvo sus problemas en el pasado y tuvo que dedicarse un tiempo a enfrentarlos, pudiendo resolver algunos y otros aun no.


Nos dimos un gran abrazo y sonreímos por un largo rato, felices de volver a encontrarnos luego de 5 años.


Mis hermanos ya habían tenido la oportunidad de encontrarse con él y jamás perdieron el contacto, pero conmigo fue diferente. Luego de una gran discusión en 2014, que empezó por una pavada, decidí bloquearlo de todos los medios y no lo vi más, hasta este día.


Evidentemente no fue ese hecho lo que motivó mi extrema decisión, sino el enojo que tenía por cosas del pasado que yo había juntado sin jamás sacar para afuera.


Creo que por ser el más grande de mis hermanos y por las cosas que presencié cuando mis padres se separaron, desde muy chico tuve sentimientos encontrados con mi padre. Por un lado intenté ser el mejor hijo posible para agradarle, que estuviera contento y me viniera a visitar más seguido, porque lo extrañaba. Y por otro lado tuve muchos momentos de tensión y decepción con él, que me hicieron crecer enojos que fui tapando en busca de su aceptación.


Mi padre tenía 18 años cuando yo nací y a esa altura ya tenía un vínculo bastante cercano con las drogas y el alcohol, algo esperable en alguien que se sentía abandonado por su madre y que de su padre no recibía el cariño suficiente. Se había criado a los golpes, a su manera y solo.


Nos fuimos a un lindo apartamento que papá había reservado por AirBnB en donde íbamos a pasar juntos por 36 horas. Poco tiempo para ponernos al día.


Entre mates, bizcochos y ricas comidas que él cocinó, disfrutamos de largas e intensas charlas, extremadamente profundas.



Papá y yo luego de 5 años sin vernos


Era notoria en papá la ansiedad por ponerse al día conmigo y por contarme su versión de los hechos. Su historia personal.


Me enteré de muchas cosas de él y de mi abuelo que no tenía ni idea y también cosas que no sabía de mi infancia y de los primeros años de la relación de mis padres.


Me hubiera gustado tener una semana en vez de 36 horas porque teníamos mucho para hablar. Tanto así que dormí muy poco y a la hora de irme al aeropuerto estaba cansadísimo, pero muy feliz.


Es poético que mi gran y profundo proceso de cambio de vida, haya iniciado con una intensa charla con mi madre y lo estuviera terminando con una intensa charla con mi padre.


Les estoy agradecidos a ambos por haber hecho lo mejor que estuvo a su alcance y al universo por tenerlos a ellos como padres.


Papá, a veces a propósito y otras por accidente, me enseñó muchas cosas:


Gracias a él aprendí a apreciar la música en su totalidad de géneros y variantes, lo que me permitió no solo crecer como compositor y productor, sino también tener la capacidad de poder disfrutar sin prejuicios de un disco de Pink Floyd, un hit de Roxette, una ópera de Puccini o un “charangaso” del gran Chacho Ramos.


Gracias a que cuando yo tenía 14 años él me regaló un DISK-MAN, unos auriculares con una calidad de sonido demencial y un montón de CD´s, pude desarrollar mi oido musical y mi percepción de los sonidos desde muy joven, habilidades que me facilitaron más tarde llevar adelante mi carrera como técnico de sonido.


Gracias a él aprendí a manejar autos desde los 13 años y puedo disfrutar de manejar con seguridad y con experiencia, lo que más de una vez me ha permitido evitar accidentes y ayudar a otros a manejar mejor.


Gracias a él aprendí a tenerle un enorme respeto al alcohol y a las drogas, lo que me permitió desarrollarme libre y consciente y poder crecer en el ámbito de la música y la noche sin caer en problemas típicos de esas actividades.


Gracias a él conocí Brasil y pude tener mi primer “golpe de mundo” cuando a los 15 años lo fui a visitar a São Paulo, donde vivía en ese entonces, hecho que me cambió la vida y me hizo dar cuenta de que Melo no era el centro del universo y que había un mundo por descubrir, lo que estoy haciendo hoy.


Le estoy agradecido a mi padre por un sin fin de cosas, por todo lo que dije antes y por siempre haberme dado amor y haberse preocupado a su manera por que yo fuera feliz y cumpliera mis objetivos, pero principalmente, le estoy agradecido a mi padre por mi vida. Por existir.


Él y mamá pudieron haber decidido no tenerme cuando por accidente quedaron embarazados hace 37 años atrás, pero aún así decidieron seguir adelante. Y ese simple hecho, esa simple decisión, hizo toda la diferencia.


Gracias a esa decisión estoy aquí escribiendo estas líneas, viviendo mi vida, conociendo el mundo y disfrutando de cada desafío que la vida me pone adelante. No importa nada más. Les debo la vida a mis padres y eso es más que suficiente para agradecerles por varias eternidades.


Gracias papá. Gracias mamá. Los amo.



Gracias por leerme y seguirme y por compartir mis artículos y videos!


Si estás leyendo esto y sentís que tenés que sanar la relación con tus padres, te super recomiendo el libro Dónde están las monedas, a mi me ayudó un montón.


En la sección CONTACTO me podeés escribir directamente y contarme qué te pareció y debajo podés suscribirte para enterarte cuando publique un nuevo artículo.


Nos vemos pronto!

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